Colonia Polanco

Un lunes por la tarde en la clase de Perspectiva sociocultural de la educación un grupo de estudiantes emprendimos una salida encaminada a la Colonia Polanco de Guadalajara. Salimos del ITESO y por comodidad prefería irme en mi carro y pregunté si era posible pero me dijeron que no, lo cual fue muy acertado porque la aventura comenzó en el tren ligero, jamás me había tomado el tiempo de viajar en este transporte público tan popular en Guadalajara. Al principio me sentía nerviosa y creo que se notaba porque al pagar mi primera entrada para el tren ligero 3 amigas y yo nos retrasamos y perdimos al grupo y varias personas se reían porque nos veían algo preocupadas, intercambiamos varias sonrisas con desconocidos en ese momento, se notaba que no es algo que hacemos a diario. Me llama la atención que ha pesar de que muchas de las personas, sí no es que todas, con las que nos topamos ese día iban en sus rutinas diarias y sin embargo pudieron percatar que varias de nosotras andábamos un poco norteadas y nerviosas. Esto indica que, como generalmente pensamos, cuando estamos en la rutina, cambiando por la calle hablando con nosotros mismos, muchas veces no observamos a las personas a nuestro alrededor y sus comportamientos, pero otras veces es fácil detectar quién anda en otros ambientes y más cuando son escandalosas como nosotras ese día.

Dentro del tren hubo una situación de educación, pude observar como un señor de aproximadamente 55 años le cedió su asiento muy amablemente a una chica de nuestra edad embarazada.

Al llegar a la colonia hicimos un recorrido por las calles de esta colonia, observamos una tarde cualquiera para las personas que habitan ahí; pudimos ver a un señor medio borracho gritando solo en la calle, vimos varias niñas con apariencia de más chicas que nosotras embarazadas y con algunos niños pequeños cambiando de sus manos. Habían también muchas tiendas de ropa económica, varios y varios negocios de comida de esos que a los mexicanos nos gusta comer tanto: tacos y hotdogs en puestos montables, comer parados y varios olores distintos uniendose en esas calles. También pudimos ver muchas señoras hablando en las cocheras de sus casas, regañando niños chiquitos y seguir platicando con la hermana o la comadre. Muchas colonias de nuestro país son como lo que pudimos percibir en esta caminata, sin embargo son contextos distintos y más marginados de los que nos desenvolvemos nosotras normalmente.

Fue interesante ir caminando por las calles y notar diferentes cuestiones de aprendizaje cultural en el día a día de unas cuantas cuadras, observar a los niños de aproximadamente 15 años en el parque gritarle a una niña “qué tonta! te toca ir por la pelota” o “no seas pendejo y párala” vocabulario fuerte pero ya común en nuestra sociedad. Pero también escuchar uno que otro grito de las mamás para hacer entender a sus hijos que tal cosa no es correcta, pienso que la manera de decir las cosas y la educación que reciben de los padres es algo que se acaba reproduciendo en la sociedad. Por eso la importancia de asesorías familiares porque nadie nacemos sabiendo ser papás.

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